Encargo- Ezra Pound.

ezra-pound_10
“No he conocido nunca a nadie que mereciera la pena y no fuese irascible.”
Encargo.

Id, canciones mías, al solitario y al insatisfecho,
id también al desquiciado, al esclavo de las convenciones,
llevadles mi desprecio hacia sus opresores.
Id como una ola gigante de agua fría,
llevad mi desprecio por los opresores.

Hablad contra la opresión inconsciente,
hablad contra la tiranía de los que no tienen imaginación,
hablad contra las ataduras,
id a la burguesa que se está muriendo de tedio,
id a las mujeres de los barrios residenciales,
id a las repugnantemente casadas,
id a aquellas cuyo fracaso está oculto,
id a las emparejadas sin fortuna,
id a la esposa comprada,
id a la mujer comprometida.

Id a los que tienen una lujuria exquisita,
id a aquellos cuyos deseos exquisitos son frustrados,
id como una plaga contra el aburrimiento del mundo;
id con vuestro filo contra esto,
reforzad los sutiles cordones,
traed confianza a las algas y tentáculos del alma.

Id de manera amistosa,
id con palabras sinceras.
Ansiad el hallazgo de males nuevos y de un nuevo bien,
oponeos a todas las formas de opresión.
Id a quienes la mediana edad ha engordado,
a los que han perdido el interés.

Id a los adolescentes a quienes les asfixia la familia…
¡Oh, qué asqueroso resulta
ver tres generaciones reunidas bajo un mismo techo!
Es como un árbol viejo con retoños
y con algunas ramas podridas y cayéndose.

Salid y desafiad la opinión,
Id contra este cautiverio vegetal de la sangre.
Id contra todas las clases de manos muertas.

© Traducción de Javier Calvo (*)

*****

Vayan, canciones mías, al insatisfecho y al solitario,
vayan también al neurótico, vayan al esclavo de toda convención,
llévenles mi desprecio por sus opresores.
Vayan como una gran ola de agua fresca,
lleven mi desprecio por los opresores.

Hablen contra la opresión inconsciente,
hablen contra la tiranía de los que no tienen imaginación,
hablen contra las ataduras,
vayan a la burguesa que está muriendo de hastío,
vayan a las mujeres de los barrios residenciales,
vayan a las horrorosamente casadas,
vayan a aquellas que disimulan su fracaso,
vayan a las desafortunadamente emparejadas,
vayan a la esposa comprada,
vayan a la mujer comprometida.

Vayan a aquellos que tienen una delicada lujuria,
vayan a aquellos cuyos delicados deseos se frustraron,
vayan como una plaga sobre lo que es insulso en todo el mundo;
vayan con su filo contra esto,
refuercen las sutiles cuerdas,
traigan confianza a las algas y tentáculos del alma.

Vayan de manera amistosa,
vayan con un discurso transparente.
Estén ansiosos de encontrar nuevos males y un nuevo bien,
estén en contra de todas las formas de opresión.
Vayan a quienes se han complicado con la mediana edad,
a quienes han perdido el interés.
Vayan a los adolescentes a quienes asfixia la familia…
¡Oh, qué horroroso es
ver tres generaciones de una Casa reunidas!
Es como un viejo árbol con brotes
y algunas ramas podridas y cayendo.

Salgan y desafíen la opinión,
vayan contra este vegetal cautiverio de la sangre.
Estén contra toda clase de perpetua herencia.

© Traducción de Juan Carlos Villavicencio (*)

Muerte accidental de un anarquista – Dario Fo.

dario-fo_fragmento_cr
“Nuestra patria es el mundo entero. Nuestra ley es la libertad. Sólo tenemos un pensamiento, la revolución en nuestros corazones”.

Mi homenaje al escritor italiano Dario Fo fallecido el pasado 13 de octubre de 2016. In Memoriam

¿Y quién defiende lo contrario? Lo admito, nuestra sociedad se divide en clases, incluso en lo tocante a testigos: los hay de primera, segunda y tercera categoría. No tiene que ver con la edad… puedes ser más viejo que Matusalén, y estar completamente gagá, pero si vienes de la sauna, ducha caliente y fría, masaje, rayos UVA, camisa de seda, Mercedes con chófer… a ver qué juez no te considera fiable. Incluso te besa la mano, “¡Super fiable extra!” Por ejemplo, en el famoso proceso por la rotura del embalse del Vaiont, los ingenieros acusados -los pocos que se dejaron pillar, porque los demás se esfumaron… a saber quién les pondría sobre aviso…-, esos cinco o seis, que para embolsarse unos cuantos millones, ahogaron a unas dos mil personas en una sola noche, esos, aún siendo más viejos que nuestros jubilados, no fueron considerados poco de fiar, sino todo lo contrario, ¡máxima fiabilidad! Porque, vamos, ¿para qué estudia uno una carrera? ¿Para qué se hace accionista mayoritario, para que le traten igual que a un jubilado muerto de hambre? Dicen que antes de su declaración, a esos accionistas no se les exigió que pronunciaran la fórmula clásica de “Juro decir la verdad, toda la verdad”. Parece ser que el secretario dijo: “Tomen asiento señor ingeniero jefe, director de las construcciones hidráulicas X, y usted también, señor ingeniero y asesor ministerial, ambos accionistas con capital de 160 millones, siéntense, les escuchamos y les creemos”. Después, con gran solemnidad, los jueces se pusieron en pie, y todos a coro, la mano en la Biblia, declamaron: “Juramos que dirán la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. ¡Lo juramos!”

Fragmento de “Muerte accidental de un anarquista”, 1970. (*)