Prohibido suicidarse en primavera – Alejandro Casona.

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“La primavera”, también llamada “La alegoría de la primavera”, es una pintura de temple de huevo sobre tabla (203 x 314), realizada por Sandro Botticelli hacia 1478 o 1480-1481. Perteneció a la colección de la familia Médicis y se muestra en el Museo de los Uffizi de Florencia desde 1815.
Prohibido suicidarse en primavera

ESCENARIO: En el Hogar del Suicida, sanatorio de almas del doctor Ariel. Vestíbulo como de hotel de montaña, recordando esos paradores de turismo construidos sobre ruinas de antiguos monasterios y artísticamente remozados por un gusto nuevo. Todo es aquí extraño, sugeridor y confortable; el mobiliario, la plástica, el trazado de las arquerías, la disposición indirecta de las luces acristaladas. En las paredes, bien visibles, óleos de suicidas famosos, reproduciendo las escenas de su muerte: Sócrates, Cleopatra, Séneca, Larra. Sobre un arco, tallados en piedra, los versos de Santa Teresa.

Ven muerte tan escondida
que no te sienta venir
porque el placer de morir
no me vuelva a dar la vida.

Amplia verja al fondo, sobre un claro jardín de sauces y rosales. El jardín tiene un lago, visible en parte, un fondo lejano de cielo azul y montañas jóvenes nevadas. En ángulo, a la derecha, arranca una galería oscura, en arco, con pesada puerta de herrajes, practicable; sobre el dintel, una inscripción que dice: “Galería del Silencio”. Enfrente, otra semejante, pero clara y sin puertas: “Jardín de la Meditación”.

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CHOLE.– Esa contradicción constante del suicida con la lógica de la vida. ¿Por qué se matan más los triunfadores que los fracasados? ¿Por qué se matan más los hombres en la juventud que en la vejez? ¿Por qué se matan más los enamorados que los que no han conocido amores?… ¿Y por qué se matan al amanecer más que de noche, y en la primavera más que en el invierno?

DOCTOR.– Difícil de explicar para una mujer feliz. Pero la observación es científicamente exacta.

CHOLE.- Matarse es siempre una negación brutal. Pero matarse en plena juventud, en la hora del amor y de la primavera es un insulto a la naturaleza.

DOCTOR.- Quizá.

CHOLE.- ¡Es, además, tan contrario a todos los instintos! Los animales no se suicidan.

DOCTOR.- A veces, también. El alacrán, cuando se siente rodeado de fuego, se clava su aguijón venenoso.

CHOLE.- Pero eso no es buscar la muerte voluntariamente. Es adelantarla un momento para evitar el dolor.

DOCTOR.- El dolor… He aquí el motivo supremo. Me parece que, sin darse cuenta, acaba usted de contestar a sus dudas de antes. ¿No cree usted que el dolor es cien veces más intolerable cuando nos rodean el amor y el triunfo, cuando la sangre es joven, y todo a nuestro alrededor se viste de rosas?

CHOLE.– No, doctor, no me haga usted dudar. La vida no es solamente un derecho. Es, sobre todo, un deber.

DOCTOR.- Ojala piense usted siempre así.

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Prohibido suicidarse en primavera es un escrito adaptado a obra de teatro en tres actos escrito por Alejandro Casona y estrenada en el Teatro Arbeu de México el 12 de junio de 1937.

El misántropo – Molière.

Molière
“Prefiero un vicio tolerante a una virtud obstinada.”

AlCESTE: Poco apto soy, señor, para decidir la cosa. Dispensadme de ello.

ORONTE. ¿Por qué?

AlCESTE. Porque tengo el defecto de ser más sincero de lo conveniente.

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ALCESTE. – Quiero que se sea sincero, y que como hombre de honor, no se digan palabras que no salgan del corazón.

FILINTO. – Cuando un hombre viene a abrazaros gozoso, es preciso pagarle en la misma moneda, responder como se pueda a su fogosidad y devolver oferta por oferta, juramentos por juramentos.

ALCESTE. – No; no puedo soportar ese método cobarde que fingen la mayor parte de las gentes a la moda, y nada aborrezco tanto como las contorsiones de esos grandes hacedores de protesta, esos afables donantes de frívolos abrazos, esos obligados voceros de inútiles palabras que con todos realizan alardes de cortesía y tratan de igual modo al honrado que al fatuo. ¿Qué provecho se saca con que un hombre os acaricie, os jure amistad, fe, celo, aprecio, cariño, y haga de vos excesivos elogios, si os consta que hace lo mismo con cualquier ganapán? No, no; no hay un alma mínimamente elevada que desee una estimación tan prostituida, y la más gloriosa y seducida por tales regalos, no se siente complaciente cuando se ve mezclada con todo el universo. La estimación tiene como base alguna preferencia, y estimar a todo el mundo es no estimar a nadie. Y ya que incurrís en esos vicios de la época, perdonad que no os considere de los míos, ¡pardiez! Rechazo la excesiva complacencia de un corazón que no hace del mérito ninguna diferencia; quiero que se me distinga, y hablándoos con franqueza, ser amigo del género humano no me cuadra en absoluto…

***

Traicionado por todos, de injusticia abrumado, voy a salir de un mar donde triunfan los corruptos, y a buscar en la tierra algún lugar remoto donde tenga licencia de ser un hombre honesto.

Fragmento de “El misántropo” (1666)  (Acto primero, escena 1), de Jean Baptiste Poquelin “Molière”. 

Muerte accidental de un anarquista – Dario Fo.

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“Nuestra patria es el mundo entero. Nuestra ley es la libertad. Sólo tenemos un pensamiento, la revolución en nuestros corazones”.

Mi homenaje al escritor italiano Dario Fo fallecido el pasado 13 de octubre de 2016. In Memoriam

¿Y quién defiende lo contrario? Lo admito, nuestra sociedad se divide en clases, incluso en lo tocante a testigos: los hay de primera, segunda y tercera categoría. No tiene que ver con la edad… puedes ser más viejo que Matusalén, y estar completamente gagá, pero si vienes de la sauna, ducha caliente y fría, masaje, rayos UVA, camisa de seda, Mercedes con chófer… a ver qué juez no te considera fiable. Incluso te besa la mano, “¡Super fiable extra!” Por ejemplo, en el famoso proceso por la rotura del embalse del Vaiont, los ingenieros acusados -los pocos que se dejaron pillar, porque los demás se esfumaron… a saber quién les pondría sobre aviso…-, esos cinco o seis, que para embolsarse unos cuantos millones, ahogaron a unas dos mil personas en una sola noche, esos, aún siendo más viejos que nuestros jubilados, no fueron considerados poco de fiar, sino todo lo contrario, ¡máxima fiabilidad! Porque, vamos, ¿para qué estudia uno una carrera? ¿Para qué se hace accionista mayoritario, para que le traten igual que a un jubilado muerto de hambre? Dicen que antes de su declaración, a esos accionistas no se les exigió que pronunciaran la fórmula clásica de “Juro decir la verdad, toda la verdad”. Parece ser que el secretario dijo: “Tomen asiento señor ingeniero jefe, director de las construcciones hidráulicas X, y usted también, señor ingeniero y asesor ministerial, ambos accionistas con capital de 160 millones, siéntense, les escuchamos y les creemos”. Después, con gran solemnidad, los jueces se pusieron en pie, y todos a coro, la mano en la Biblia, declamaron: “Juramos que dirán la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. ¡Lo juramos!”

Fragmento de “Muerte accidental de un anarquista”, 1970. (*)

Fausto – Johann Wolfgang von Goethe.

Fausto

Fausto: No tienes conciencia más que de un solo impulso,
¡ah, no quieras conocer nunca el otro!
Dos almas habitan, ¡ay!, en mi pecho,
y una de otra a separarse aspiran:
aferrase la una con brutal deleite amoroso
al mundo, abrazándolo con todos sus órganos,
álzase del polvo con violencia la otra
hacia las regiones de los nobles antepasados.
¡Oh, si hay espíritus en el aire
que flotan reinando entre el cielo y la tierra,
descended, bajad, de la dorada niebla,
y llevadme lejos, a una nueva vida llena de color!
¡Oh, sí! ¡Si yo poseyera un manto mágico
que llevarme pudiera a países lejanos!
No lo vendería ni por las vestiduras más ricas
ni tan siquiera por el manto de un rey.

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Original en aleman:

Faust: Du bist dir nur des einen Triebs bewußt,
O lerne nie den andern kennen!
Zwei Seelen wohnen, ach! in meiner Brust,
Die eine will sich von der andern trennen;
Die eine hält, in derber Liebeslust,
Sich an die Welt, mit klammernden Organen;
Die andre hebt gewaltsam sich vom Dust,
Zu den Gefilden hoher Ahnen.
O giebt es Geister in der Luft,
Die zwischen Erd’ und Himmel herrschend weben,
So steiget nieder aus dem goldnen Duft
Und führt mich weg, zu neuem buntem Leben!
Ja, wäre nur ein Zaubermantel mein!
Und trüg’ er mich in fremde Länder,
Mir sollt’ er, um die köstlichsten Gewänder,
Nicht feil um einen Königsmantel sein.

– Johann Wolfgang von Goethe

De “Fausto I” (1806). Traducción de Helena Cortés Gabaudan. Abada. Madrid, 2010 (*)

Réquiem por la “Muerte de un viajante”.

Arthur Miller.

CHARLEY (detiene el movimiento de Happy y replica. A Biff): Nadie puede culparle. Vosotros no lo entendéis. Willy era un viajante, y para un viajante la vida no tiene fondo. Es un hombre que no pone tuercas en los tornillos, que no te informa sobre las leyes ni te receta medicinas. Es un hombre que va solo por la vida, sin más recursos que una sonrisa y unos zapatos bien limpios. Y cuando empieza a fallar la reacción a sus sonrisas…, sobreviene un terremoto. Entonces le aparecen un par de manchas en el sombrero, y está acabado. Nadie puede culpar a ese hombre. Un viajante tiene que soñar, muchacho. Es un gaje del oficio.

(…)

LINDA: Perdóname, querido. No sé por qué, pero no puedo llorar. No lo comprendo. ¿Por qué has hecho esto? Ayúdame, Willy, no puedo llorar. Tengo la sensación de que, simplemente, has salido otra vez de viaje, y sigo esperándote. Willy, cariño, no puedo llorar. ¿Por qué lo has hecho? Por más vueltas que le dé, no lo comprendo. Hoy he hecho el último pago de la casa. Hoy, querido. Y en casa no habrá nadie. (Un sollozo le entrecorta la voz). Ya no tenemos deudas, querido. (Solloza con más fuerza, aliviada): Somos libres. (Biff se le acerca lentamente). Somos libres… Somos libres…

Arthur Miller. Muerte de un viajante, 1949. Traducción: Jordi Fibla. Tusquets Editores.