La cripta de mis amores – Horacio Quiroga.

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“Escribo siempre que puedo, con náuseas al comenzar y satisfacción al concluir”.
La cripta de mis amores

hoja 1
Tengo en el fondo de mi cerebro / bajo la cripta de mis amores / una capilla donde celebro / la corta misa de mis dolores / ¡pobre capilla de mis amores!

Lloro en silencio; con ese llanto / en que tus lágrimas están conmigo / como mis penas en ese encanto / vuelvo al pasado en ese llanto / Toda esa dicha que fue contigo!

Y todo muerto, todo pasado / como aquel cielo de amor clemente / como ese cielo que se ha velado / y sólo vive de ese pasado / la luz de dicha que hubo en tu frente!

hoja  2
En las más dulces tardes de otoño / surgen las rosas de tu sonrisa / y las violetas de tu alto moño / como esa dulce tarde de otoño /
mi alma contigo se diviniza.

Graves, morían en tus pupilas nuestras fatigas.
En la callada sombra morían las tardes lilas y a la caricia de tus pupilas mi amor de nuevo se desvelaba.

Y cuando en torno de ese miraje que de ti tiene su último encanto emprendo el diario y oscuro viaje y mi alma vuelve de ese miraje, pura de haberte querido tanto.

hoja 3
Dejo en la cripta de mis amores triste santuario que será tu olvido todo el recuerdo de lo que ha sido la corta historia de mis dolores ¡pobre capilla de mis amores!

Fragmento de un manuscrito de Horacio Quiroga hallado en un sótano porteño en setiembre de 2009.

El futuro – Julio Cortázar.

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“Estar vivo parece siempre el precio de algo”.
El futuro.

Y sé muy bien que no estarás.
No estarás en la calle
en el murmullo que brota de la noche
de los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia los completos en los subtes
ni en los libros prestados,
ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás,
o en el color de un par de guantes
o una blusa.
Me enojaré
amor mío
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás
y diré las cosas que sé decir
y comeré las cosas que sé comer
y soñaré los sueños que se sueñan.
Y se muy bien que no estarás
ni aquí dentro de la cárcel donde te retengo,
ni allí afuera
en ese río de calles y de puentes.
No estarás para nada,
no serás mi recuerdo
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente trata de acordarse de ti.

De “Salvo el crepúsculo, 1941.

José Luis Sampedro en 25 frases.

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“Este mundo está traicionando a la vida.”

Con motivo del primer centenario del nacimiento del escritor y humanista José Luis Sampedro, nacido en Barcelona el 1 de febrero de 1917 y fallecido en 2013, recuperamos 25 de sus mejores frases.

1.- Desde la infancia nos enseñan; primero a creer lo que nos dicen las autoridades, los curas, los padres… Y luego a razonar sobre lo que hemos creído. La libertad de pensamiento es al revés, lo primero es razonar y luego creeremos lo que nos ha parecido bien de lo que razonamos.

2.- El día que se nace uno se empieza un poco a morir. Estamos acostumbrados a ver la muerte como algo negativo, y yo estoy tan cerca que no puedo dejar de pensar en este asunto, pero pienso con alegría vital. Lo que no nos enseñan es que el día que se nace se empieza uno a morir, y la muerte nos acompaña cada día.

3.- Siempre tengo un cuaderno abierto, donde anoto lo que voy pensando, pero no lo hago a diario. No todos los días suceden cosas dignas de ser anotadas. Si fuerzas esa tarea y la haces con cotidianidad, te expones a escribir textos que no son importantes.

4.- No me interesa la felicidad y no creo que dependa de mayor o menor inteligencia. Pero desde luego no exigir demasiado hace más fácil llevarse bien con uno mismo, que es mi sustituto de la felicidad.

5.- Porque es tocando fondo, aunque sea en la amargura y la degradación, donde uno llega a saber quién es, y donde entonces empieza a pisar firme.

6.- Estamos en un momento en el que se está hablando de muchos problemas. Pues el más grave hoy es el Ministerio de Educación. Con sus recortes e insensibilidad se priva a los niños menos favorecidos de oportunidades, de horas de estudio, de clases, de aulas y profesores de apoyo. Se está castrando la inteligencia de esos chicos cerrándoles las puertas para el futuro mientras se favorece la enseñanza religiosa con dinero laico.

7.- Hay dos tipos de economistas: los que trabajan para hacer más ricos a los ricos y los que trabajamos para hacer menos pobres a los pobres.

8.- Lo que más me ha impresionado de este siglo XX que finaliza es la estupidez y brutalidad humanas.

9.- Deberíamos vivir tantas veces como los árboles, que pasado un año malo echan nuevas hojas y vuelven a empezar.

10.- Siempre se puede, cuando se quiere.

11.- El tiempo es invencible porque él mismo se destruye a cada instante.

12.- La libertad es como una cometa. Vuela porque está atada.

13.- Somos naturaleza. Poner al dinero como bien supremo nos conduce a la catástrofe.

14.- ¿La gente está loca? No, la gente está manipulada.

15.- Yo no digo que lo pasado sea lo mejor. Digo que el capitalismo en su momento fue naciente, pero ahora es insostenible. La mejor definición de su decadencia la dio Bush. Dijo: “He suspendido las reglas del mercado para salvar al mercado”. Es decir, el mercado es incompatible con sus propias reglas.

16.- Es asombroso que la Humanidad todavía no sepa vivir en paz, que palabras como ‘competitividad’ sean las que mandan frente a palabras como ‘convivencia’.

17.- Europa es como un jefe que nunca se pone al teléfono.

18.- El sistema ha organizado un casino para que ganen siempre los mismos.

19.- Nos educan para ser productores y consumidores, no para ser hombres libres.

20.- Uno escribe a base de ser un minero de si mismo.

21.- El tiempo no es oro; el tiempo es vida.

22.- Qué importa mi boca cerrada, ¡cuando piensas con el alma te oyen!

23.- La vida es una navegación difícil sin una buena brújula.

24.- El niño siempre anda buscando. Entonces, si no se siente buscado, por fuerza pensará que el mundo falla y le rechaza.

25.- La vida es un arder y el que no arde no vive.

— José Luis Sampedro

Arroz y Tartana – Vicente Blasco Ibáñez.

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“Tenemos dos fuerzas que nos ayudan a vivir: el olvido y la esperanza.”

El poeta sufría como uno de los condenados de aquel poema de Dante, cuya lectura nunca había podido terminar. Gracias a que era un «vate aplaudido» en la Juventud Católica y tenía ideas muy cristianas; que si no, a la vista de tamaña traición hubiera sido capaz de ahogar su dolor cometiendo la más atroz barrabasada, por ejemplo, dando un adiós patético a la ingrata, y arrojándose después de cabeza en aquel caldero de aceite hirviendo donde volteaban los buñuelos.

Pero no se mataría; ante todo, las creencias y el ser poeta. La muerte frita no figura entre los suicidios de los hombres de genio. Pero si no se mataba, sabría vengarse; él era un hombre, y cuando bajase aquel teniente ya le exigiría cuentas. Le mataría, sí señor, le mataría; y después, ¡qué escena tan trágica! el teniente a sus pies, atravesado de una estocada; Amparito, desmelenada, sollozante, increpando al cielo; y él erguido como gigantesco fantasma, el ensangrentado acero en la mano, y en el rostro una sonrisa desesperada, infernal, loca; algo que recordase el último acto del Don Álvaro. Y el pobre muchacho apretaba con mano crispada su junquillo, que para su imaginación era «toledano acero», y pensaba desordenadamente en Lope de Vega, Quevedo, Cervantes y Lord Byron; en todos los grandes hombres que, según frase de Andresito, habían tenido malas pulgas, y lo mismo escribían que daban una estocada.

¡Bailad tranquilos, granujas alegres e insolentes; mirad la falla, burgueses bondadosos; reíd como gallinas cacareadoras, mujercillas que celebráis las contorsiones de los monigotes! Todos ignoráis que el volcán ruge a pocos pasos de vosotros; no sabéis que hay un hombre que prepara la más horrible de las tragedias; y mañana, cuando salga en los periódicos la extensa relación de lo ocurrido, no podréis imaginaros que la fiera en figura humana que mató al rival, a la novia y hasta a la mamá, si es que se decide a bajar, era el joven «dulce y simpático» que, pálido como un muerto, estaba hecho un poste cerca del cafetín.

Sí; mataría y moriría después; estaba decidido. Y miró al balcón, procurando dar a sus ojos la más insolente expresión de reto; pero se fijó con insistencia en el teniente. Tenía buenas espaldas, su cabeza morena no era de víctima, le colgaba del talle un espadín y además, según informes de Andresito, tenía entre sus amigotes fama de bruto.

Él no tenía miedo, ¡vive Dios! ¿qué había de tener? Pero bien mirado, era una vulgaridad, un detalle de mal gusto, el enredarse a golpes en medio de la calle con un majadero sin otra sociedad que la de las muías de su batería. No señor; su belicoso plan quedaba desechado. ¿Qué dirían en la Juventud Católica? Un autor que había provocado delirios de entusiasmo con aquella oda dulcísima a la Virgen:

Señora, tú que sabes
el secreto del canto de las aves….

De “Arroz y Tartana ” (1894)

Los santos inocentes – Miguel Delibes.

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“Al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales.”

“(…) el señorito Iván intentaba ganarse al Quirce, insuflarle un poquito de entusiasmo, pero el muchacho, sí, no, puede, a lo mejor, mire, cada vez más lejano y renuente, y el señorito Iván iba cargándose como de electricidad, y así que concluyó el cacerio, en el amplio comedor de la Casa Grande, se desahogó,

los jóvenes, digo, Ministro, no saben ni lo que quieren, que en esta bendita paz que disfrutamos les ha resultado todo demasiado fácil, una guerra les daba yo, tú me dirás, que nunca han vivido como viven hoy, que a nadie le faltan cinco duros en el bolsillo, que es lo que yo pienso, que el tener les hace orgullosos, que ¿qué diréis que me hizo el muchacho de Paco esta tarde?,

y el Ministro le miraba con el rabillo del ojo, mientras devoraba con apetito el solomillo y se pasaba cuidadosamente la servilleta blanca por los labios,

tú dirás,

y el señorito Iván,

muy sencillo, al acabar el cacerio, le largo un billete de cien, veinte duritos, ¿no?, y él, deje, no se moleste, que no, te tomas unas copas, hombre, y él, gracias, le he dicho que no, bueno, pues no hubo manera, ¿qué te parece?, que yo recuerdo antes, bueno, hace cuatro días, su mismo padre, Paco, digo, gracias, señorito Iván, o por muchas veces, señorito Iván, otro respeto, que se diría que hoy a los jóvenes les molesta aceptar una jerarquía, pero es lo que yo digo, Ministro, que a lo mejor estoy equivocado, pero el que más y el que menos todos tenemos que acatar una jerarquía, unos debajo y otros arriba, es ley de vida, ¿no?

y la concurrencia quedó unos minutos en suspenso, mientras el Ministro asentía y masticaba, sin poder hablar, y, una vez que tragó el bocado, se pasó delicadamente la servilleta blanca por los labios y sentenció,

la crisis de autoridad afecta ya a todos los niveles.”

De “Los santos inocentes” (1981)

El misántropo – Molière.

Molière
“Prefiero un vicio tolerante a una virtud obstinada.”

AlCESTE: Poco apto soy, señor, para decidir la cosa. Dispensadme de ello.

ORONTE. ¿Por qué?

AlCESTE. Porque tengo el defecto de ser más sincero de lo conveniente.

***

ALCESTE. – Quiero que se sea sincero, y que como hombre de honor, no se digan palabras que no salgan del corazón.

FILINTO. – Cuando un hombre viene a abrazaros gozoso, es preciso pagarle en la misma moneda, responder como se pueda a su fogosidad y devolver oferta por oferta, juramentos por juramentos.

ALCESTE. – No; no puedo soportar ese método cobarde que fingen la mayor parte de las gentes a la moda, y nada aborrezco tanto como las contorsiones de esos grandes hacedores de protesta, esos afables donantes de frívolos abrazos, esos obligados voceros de inútiles palabras que con todos realizan alardes de cortesía y tratan de igual modo al honrado que al fatuo. ¿Qué provecho se saca con que un hombre os acaricie, os jure amistad, fe, celo, aprecio, cariño, y haga de vos excesivos elogios, si os consta que hace lo mismo con cualquier ganapán? No, no; no hay un alma mínimamente elevada que desee una estimación tan prostituida, y la más gloriosa y seducida por tales regalos, no se siente complaciente cuando se ve mezclada con todo el universo. La estimación tiene como base alguna preferencia, y estimar a todo el mundo es no estimar a nadie. Y ya que incurrís en esos vicios de la época, perdonad que no os considere de los míos, ¡pardiez! Rechazo la excesiva complacencia de un corazón que no hace del mérito ninguna diferencia; quiero que se me distinga, y hablándoos con franqueza, ser amigo del género humano no me cuadra en absoluto…

***

Traicionado por todos, de injusticia abrumado, voy a salir de un mar donde triunfan los corruptos, y a buscar en la tierra algún lugar remoto donde tenga licencia de ser un hombre honesto.

Fragmento de “El misántropo” (1666)  (Acto primero, escena 1), de Jean Baptiste Poquelin “Molière”. 

El Dios Bueno y el Dios Malo – Khalil Gibran.

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“Hacer amistad con el ignorante es tan tonto como discutir con el borracho.”
El Dios Bueno y el Dios Malo.

El Dios Bueno y el Dios Malo se entrevistaron en la cima de la montaña.

– Buenos días, hermano -dijo el Dios Bueno. El Dios Malo no contestó el saludo.

El Dios Bueno prosiguió:

– Estás hoy de mal humor.

– Sí -dijo el Dios Malo-, porque últimamente me confunden contigo, me llaman por tu nombre y me tratan como si fuera tú, y esto me desagrada mucho.

– Pues has de saber que también a mi me han llamado por tu nombre -dijo el Dios Bueno.

Al oir esto, el Dios Malo siguió su camino, y se fue maldiciendo la estupidez de los hombres.

Extraído de “El loco” (1918) de Khalil Gibran.

Día de Reyes – Benito Pérez Galdós.

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“¿No es triste considerar que sólo la desgracia hace a los hombres hermanos?”

6, día de los Santos Reyes.- ¡Oh, qué visión divina me trajeron los Magos de Oriente!… Pasó el tiempo en que mi buena madre dejaba en el balcón mi zapato para que Gaspar, Melchor y el negro Baltasar me pusieran en él soldados o cañoncitos, que colmaban mis inocentes ambiciones. Anoche, sin aventurar zapato ni chinela, los Reyes fueron para mí más que nunca propicios y dadivosos, porque apenas abrí hoy la ventana por donde suelo contemplar la huerta de esta casa y la de la casa medianera, separadas por vieja tapia, vi una figura, imagen, persona, que al pronto me pareció ángel, después mujer. Verla y pensar que había encontrado mi novia definitiva, el ideal de amor, fueron dos facetas de un solo momento, iluminadas por un solo relámpago… Cuando absorto clavé mis ojos en la hermosa visión, esta me miró a mí… Pasado un segundo, dos quizás, la imagen se desvaneció tras de un ciprés… Esperé un rato; no la vi más. Yo miraba al ciprés y le decía: “ciprés amigo, apártate un poco; déjame ver si…”

De “España trágica” (1908)  – Quinta Serie de los Episodios Nacionales.

Para llorar – Vicente Huidobro.

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“Si no hiciera una locura al año… me volvería loco.”
Para llorar.

Es para llorar que buscamos nuestros ojos
Para sostener nuestras lágrimas allá arriba
En sus sobres nutridos de nuestros fantasmas

Es para llorar que apuntamos los fusiles sobre el día
Y sobre nuestra memoria de carne
Es para llorar que apreciamos nuestros huesos y a la muerte sentada
[junto a la novia
Escondemos nuestra voz de todas las noches
Porque acarreamos la desgracia
Escondemos nuestras miradas bajo las alas de las piedras
Respiramos más suavemente que el cielo en el molino
Tenemos miedo

Nuestro cuerpo cruje en el silencio
Como el esqueleto en el aniversario de su muerte
Es para llorar que buscamos palabras en el corazón
En el fondo del viento que hincha nuestro pecho
En el milagro del viento lleno de nuestras palabras

La muerte está atornillada a la vida
Los astros se alejan en el infinito y los barcos en el mar
Las voces se alejan en el aire vuelto hacia la nada
Los rostros se alejan entre los pinos de la memoria
Y cuando el vacío está vacío bajo el aspecto irreparable
El viento abre los ojos de los ciegos
Es para llorar para llorar

Nadie comprende nuestros signos y gestos de largas raíces
Nadie comprende la paloma encerrada en nuestras palabras
Paloma de nube y de noche
De nube en nube y de noche en noche
Esperamos en la puerta el regreso de un suspiro
Miramos ese hueco en el aire en que se mueven los que aún no han nacido

Ese hueco en que quedaron las miradas de los ciegos estatuarios
Es para poder llorar es para poder llorar
Porque las lagrimas deben llover sobre las mejillas de la tarde

Es para llorar que la vida es tan corta
Es para llorar que la vida es tan larga

El alma salta de nuestro cuerpo
Bebemos en la fuente que hace ver los ojos ausentes
La noche llega con sus corderos y sus selvas intraducibles
La noche llega a paso de montaña
Sobre el piano donde el árbol brota
Con sus mercancías y sus signos amargos
Con sus misterios que quisiera enterrar en el cielo
La ciudad cae en el saco de la noche
Desvestida de gloria y de prodigios
El mar abre y cierra su puerta
Es para llorar para llorar
Porque nuestras lágrimas no deben separarse del buen camino

Es para llorar que buscamos la cuna de la luz
Y la cabellera ardiente de la dicha
Es la noche de la nadadora que sabe transformarse en fantasma
Es para llorar que abandonamos los campos de las simientes
En donde el árbol viejo canta bajo la tempestad como la estatua del mañana

Es para llorar que abrimos la mente a los climas de impaciencia
Y que no apagamos el fuego del cerebro

Es para llorar que la muerte es tan rápida
Es para llorar que la muerte es tan lenta

De “El ciudadano del olvido, 1941.

Año nuevo – Rubén Darío.

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“El libro es fuerza, es valor, es fuerza, es alimento; antorcha del pensamiento y manantial del amor.”
Año nuevo.

A las doce de la noche, por las puertas de la gloria
y al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre,
sale en hombros de cuatro ángeles, y en su silla gestatoria,
San Silvestre.

Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara,
de que son bellos diamantes Sirio, Arturo y Orión;
y el anillo de su diestra hecho cual si fuese para
Salomón.

Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina,
y su capa raras piedras de una ilustre Visapur;
y colgada sobre el pecho resplandece la divina
Cruz del Sur.

Va el pontífice hacia Oriente; ¿va a encontrar el áureo barco
donde al brillo de la aurora viene en triunfo el rey Enero?
Ya la aljaba de Diciembre se fue toda por el arco
del Arquero.

A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno
el inmenso Sagitario no se cansa de flechar;
le sustenta el frío Polo, lo corona el blanco Invierno
y le cubre los riñones el vellón azul del mar.

Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora;
doce aljabas cada año para él trae el rey Enero;
en la sombra se destaca la figura vencedora
del Arquero.

Al redor de la figura del gigante se oye el vuelo
misterioso y fugitivo de las almas que se van,
y el ruido con que pasa por la bóveda del cielo
con sus alas membranosas el murciélago Satán.

San Silvestre, bajo el palio de un zodíaco de virtudes,
del celeste Vaticano se detiene en los umbrales
mientras himnos y motetes canta un coro de laúdes
inmortales.

Reza el santo y pontifica y al mirar que viene el barco
donde en triunfo llega Enero,
ante Dios bendice al mundo y su brazo abarca el arco
y el Arquero.

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De “Prosas profanas y otros poemas” (1896)